Archivo de la etiqueta: Rosa Montero Glz.

Todo

Todo el universo cabía en ese pequeño hueco
entre tu cuerpo y
el mío.

Los muebles, los armarios cubiertos de hastío
se quedaron vacíos como vacíos estaban
los desconchones de la pared
y los huecos de los escalones.
Nada en la despensa. Nada en el trastero.

Las casas, los edificios cubiertos de frío
se quedaron vacíos como vacíos estaban
los corazones fríos de los arquitectos
y los de todos sus ayudantes.
Nadie en los ascensores. Nadie en los sótanos.

Los aeropuertos, las estaciones cubiertas de tiempo
se quedaron vacías como vacíos estaban
los vagones de pasajeros
y los vagones de carga de cada tren.
Nadie iba a emprender otro viaje.

Los planetas,
los satélites dependientes,
las estrellas descaradas,
el cosmos polvoriento,
todo el universo, apretándonos, cabía en ese pequeño
diminuto
minúsculo
apenas perceptible hueco entre tu cuerpo
y el mío.

Por Rosa Montero Glz. 

sin dientes

…Y tan duro estaba que me quedé sin dientes
después del último bocado dado ya sin fuerzas
sin ganas
sin hambre
sin pensar
sin querer
sin capacidad para decir que no
sin dientes

… Y tan duro estaba que me quedé a oscuras y sin dientes
después del último bocado dado ya sin fuerzas
sin dientes
sin capacidad para decir que no
sin querer
sin pensar
sin hambre
sin ganas
y a punto de vomitarlo todo

… Y tan duro estaba que me quedé muda a oscuras y sin dientes
después del último bocado dado ya sin fuerzas
pero ¿era de verdad el último bocado?
¿cuántas veces había dado el último bocado?
ese que, de tan duro, me dejó sin dientes
ese que significaba el final
… O eso creía yo.

– un año después, de nuevo, volvía a estar delante del festín de la tortura –

… Y tan duro estaba que me quedé muda a oscuras y sin dientes
después del último bocado dado ya sin fuerzas
sin ganas
sin hambre
sin pensar
sin querer
sin capacidad para decir que no
sin dientes

y a punto de vomitarlo todo

Por Rosa Montero Glz.

El último pupitre doble

Recorrí el camino que separaba las casas del colegio
mirando hacia abajo
dando patadas a piedras huecas y naranjas podridas
esperando lo peor
Recorrí la distancia que separaba el verano del invierno
cargando con la mochila nueva
con los libros nuevos con olor a forro nuevo
con los zapatos nuevos
y el viejo dolor
Recorrí la frontera entre el hastío y la esperanza
pensando en lo que tendría que venir
pensando en lo que quería ser
pensando en una meta a la que llegar
y en otro amor

«Este año, te vas a sentar detrás»– dijo
«Te cambio de sitio, te vas detrás»– dijo
Y me fui detrás, al último pupitre doble
y cambié de sitio, a la última fila
y cambié de compañero
y dejé de pensar en estudiar sin parar y acabar pronto esto
para empezar lo otro y llegar
y llegar
y llegar (y llegar…)

Recorrí el camino que separaba esto de lo otro
grabando cintas recopilatorias
dejando notas en el margen de los libros
escondiendo cigarrillos
disimulando el olor.
Recorrí la distancia que separaba la primavera del otoño
con un nuevo compañero de pupitre aunque
no recuerdo su nombre ni su cara
no recuerdo los días ni las noches
ni el calor
Recorrí la frontera entre una vida y mi vida
a trompicones
haciendo explotar granos y emociones
y erecciones
y sudor

Y otro amor
y otro amor (y otro amor…)

Por Rosa Montero Glz.

Fenómeno fan

Surely we must be in sight
Of the dream we long to live.
If you stop and close your eyes,
you’ll picture me inside.
I’m so cold and all alone
(G. Barlow)

Hace frío y estoy sola, como cada noche,
rezando.
Encomendándome a la piedad
de tu dulce mirada,
de tu sonrisa de chico malo,
de tus bíceps sudorosos.

Hace frío y estoy sola, como cada noche,
rezando.
Buscando el consuelo
en tu voz y tu palabra,
en tus estribillos y tus puentes,
en tus movimientos de cadera.

Hace frío y estoy sola, como cada noche,
rezando.
Atesorando reliquias y muestras de fe ciega
en carpetas y cuadernos,
en cajones y paredes
que, como hechas de naipes, se me caen encima.
Y me acurruco bajo su fino cartón,
acercando mis rodillas al pecho para rezar,
como cada noche, muerta de frío.

Hace frío y estoy sola, como cada noche,
rezando.
Rezando para que cuando suene la cerradura y se abra la llave,
y cierre los ojos,
y huela a podrido,
y venga el frío,
cierre los ojos y pueda verte.
Y se cumplan mi sueños.

Por Rosa Montero Glz.

(Sin título)

Cada día empieza como el anterior.

Primero, pataleo entre las sábanas, intentando zafarme de esa peligrosamente confortable prisión hecha de textil de algodón y de olor a profunda respiración concentrada durante horas y horas de semi inconsciencia.
Segundo, me arrastro hasta el baño, intentando hacer que desaparezcan, a base de jabón y agua y jabón y agua y vuelta a empezar, las huellas en rojo y violeta que han dejado en mi piel horas y horas de semi inconsciencia.
Tercero, me sumerjo en el profundo fondo de armario para, unos minutos después, salir a la superficie a coger aire, uniformada de negro y perla, intentando mantenerme recta y que no importen demasiado mis horas y horas de semi inconsciencia.

Cada día empieza como el anterior.

Pasos uno, dos y tres. Yo oliendo a respiración concentrada. Yo y el fantasma ojeroso del espejo. Yo apagada. Me miro en el escaparate mientras engullo un croissant de una bolsa de papel llena de grasa de mantequilla y un café que me quema tanto por dentro que dudo hasta de que sea café. Me miro en el escaparate mientras pasan coches, taxis, peatones, gatos, lluvia, fantasmas ojerosos y engullo un croissant grasiento y un café caliente. Me miro en el escaparate y pienso que todo va a salir bien. Solo tengo que conseguir que lo que hay al otro lado del escaparate sea mío y entonces no habrá prisión ni fantasmas ni oscuridad. Solo paz.

Cada día empieza como el anterior.

Por Rosa Montero Glz.