Archivo de la categoría: Poema

Transporte de animales vivos

A Paola.

Miedo
a que te coma el corazón un cerdo
y te muerda la cara un pastor
alemán, o varios perros
nerviosos y sin nombre.

Miedo al tiempo y al espacio
que hay entre dos ciervos
destruidos por la velocidad.

Miedo
al caballo, al mono y su barbarie,
al beso salado de los sapos.

Miedo al miedo, ese animal
de un gris oscuro verde pálido
y más listo que mil zorras.

Miedo a la ausencia de pájaros
en tu cabeza y a los lobos
de Wall Street.

Miedo a los borregos de la recta
y a los galgos muertos de la curva.

Pero sobre todas las cosas,
miedo a que me necesites
y ya no tenga miedo.

Por Carlos Torrero. 

La casa del gusano

En la pausa olvidada de las 7:39
de nuestras sonrisas,
atrévete a explicar la razón,
en mitad de la avenida
—12 grados, cielo morado, vencejos negros—,
inmersos en el descenso de las gotas de metal.
Atrévete, de paso, con esas mismas sonrisas,
a los pies de la escalera mecánica,
mientras en la casa del gusano
los silentes ascienden
cargando los pétalos caducos de sus rostros.
Descúbremelo todo para que —por fin—
consigamos reírnos juntos y en libertad
de la humana incapacidad
de conservar,
al menos,
un empate a cero.

Por José Pedro García Parejo. 

(Sin título)

Todas las ausencias de la Navidad
atraviesan mi pulso:
siempre falta alguien

y hoy falta tu beso.

Enero llega irremediablemente
tras once uvas de ceniza
y gotas de turrón amargo.

Aún busco la promesa del cisne en tu cuello.
¿Cuándo desapareció la luz azul de nuestras manos
(mar que crecía hacia dentro en su movimiento alado)?

El color ha dejado de ser fugaz
para ser nieve de oruga en mis labios.
No estás
y el invierno se aleja, en su precipicio
de avestruces, hacia la luna
donde habitan los lugares de otros.
¿Estará allí tu lengua, coronando
estrellas cercanas y cráteres de mundo nuevo?
¿Dónde perdura tu aroma, si no está en mi aliento?
¿En qué plano del espacio tu imagen destruye todos mis recuerdos?

He oído llegar al futuro
desde mi burbuja de sol sin tiempo,
esperando, como siempre,
a que abras la puerta y vuelvas a decirme:
«Feliz año, amor mío… ¡Cuánto te quiero!»

Por Laura Villanueva. 

En ausencia de dientes

Cuando los restos de almendra se refugian
en los espacios interdentales de la boca, no
hay retorno posible.

Sobreviene una lucha encarnizada con la lengua
como protagonista.

Pasan las horas y no existe hilo de pescar
ni árbol hecho palillo que pueda liberarte de
esa agonía vital.

Las encías se convierten en hogar de partículas
nacaradas que en los días más fríos son como islas
abandonadas.

Mis padres murieron con la boca casi vacía de molares,
quizá por eso despreciaban el turrón duro que venía
de regalo en el lote de empresa.

Hubo una navidad en la que fui niña y  los reyes magos
me trajeron  instrumentos musicales. Un año de solfeo
y poca cosa más. Turrón variado y cagatió, caga turró*.

Círculo vital: nacer y morir de la misma
manera que llegamos. Desnudos, sin dientes
y pequeños.

Mis padres eran amantes del turrón blando.
Sí, de ese de yema quemada que al entrar en
contacto con la saliva los ojos se convierten en
lunas llenas.

Hubo una navidad en la que fui niña y mi madre
me cortaba trozos de turrón, del blandito. Del que
ella mejor podía masticar.

Hubo una navidad.

*https://es.wikipedia.org/wiki/Ti%C3%B3_de_Nadal

Por Raquel Egea.

sin dientes

…Y tan duro estaba que me quedé sin dientes
después del último bocado dado ya sin fuerzas
sin ganas
sin hambre
sin pensar
sin querer
sin capacidad para decir que no
sin dientes

… Y tan duro estaba que me quedé a oscuras y sin dientes
después del último bocado dado ya sin fuerzas
sin dientes
sin capacidad para decir que no
sin querer
sin pensar
sin hambre
sin ganas
y a punto de vomitarlo todo

… Y tan duro estaba que me quedé muda a oscuras y sin dientes
después del último bocado dado ya sin fuerzas
pero ¿era de verdad el último bocado?
¿cuántas veces había dado el último bocado?
ese que, de tan duro, me dejó sin dientes
ese que significaba el final
… O eso creía yo.

– un año después, de nuevo, volvía a estar delante del festín de la tortura –

… Y tan duro estaba que me quedé muda a oscuras y sin dientes
después del último bocado dado ya sin fuerzas
sin ganas
sin hambre
sin pensar
sin querer
sin capacidad para decir que no
sin dientes

y a punto de vomitarlo todo

Por Rosa Montero Glz.