Libro de reclamaciones

―Tiene usted una casa preciosa, don Florencio ―me dijo el visitante, sin dejar de mirarme a los ojos, con evidente mala intención: nadie me llama ya por ese nombre, y la casa deja mucho que desear, lo sé; llevo años queriendo mudarme, pero no puedo, mi holgazanería me lo impide paradójicamente una y otra vez. […]

El hombre de la mano seca

Hombres absurdos siempre hubo. El primero fue un rey; ladrón y tramposo. El gesto inútil de su empeño forzoso no empaña la fuerza de su arresto útil. Y esta es la única inmortalidad a la que pudo aspirar. Este rey se conformó, o le obligaron; no sabemos, ni ahora ni en el futuro. Hombres indiferentes […]

La paciencia de los bichos

No obedecen ni protestan, esperan; Dios mío la paciencia de los bichos. A. L. A. Ahora no tiene ningún sentido quejarse, mucho menos lamentarse o maldecir; yo siempre intenté y quise rodearme de los mejores, de los más importantes y carismáticos, esos pocos, entre los que yo evidentemente no contaba, que con su sola presencia […]

La explicación

Poca gente, apenas nadie, le dirigía la palabra, y el desinterés era fundamentalmente recíproco: el muchacho dedicaba la mayor parte de su tiempo al estudio, ocupado en el complejo y costoso aprendizaje de una cantidad ingente de fórmulas incontestables, también indescifrables y pretendidamente definitivas; y las horas que le sobraban, que no eran muchas, las […]