Archivo por meses: Mayo 2016

Mis desayunos siempre pertenecerán a ella

Mi madre hablándole a la tele, con un quejido sordo que se ahoga en una gran taza de café. Nunca he entendido cómo puede beber tanta cantidad, a mi estómago le sería imposible tragar todo eso. Aún soy demasiado joven y no tengo su experiencia en la vida.

Las noticias no nos dan los buenos días. Se queja de políticos y otras perversiones de la sociedad, y a mí no me extraña que se preocupe. Son tres los individuos que ha traído al mundo en que a nadie le gusta demasiado vivir, o al menos pocos lo admiten.

Trabajo, estudios, amor, familia, cercanía, lejanía, distancia, amigos, libros, preocupaciones, juegos, verano, vacaciones. Esas son algunas de las palabras que la escuchaba decir cada mañana.

Los recuerdos de mis desayunos pasan por ella, en bata, respondiéndole a la tele y organizando ese día. Para mí, para todos. Mis desayunos siempre pertenecerán a ella.

Por Adriana Tejada. 

Oda al desayuno

Té o café. O mejor: té y café. Café solo, americano, expreso, capuchino, con leche condensada. Mmmm. Té chai, negro, pakistaní, té verde. Zumos de una y mil frutas. Smoothies. Batidos caseros. Tartas de chocolate, de manzana y de frutos del bosque. Huevos duros, fritos o pasados por agua (siempre me encantó esta expresión). Huevos con frijoles y salchichas. O ¿por qué no churros con chocolate? Tortitas dulces y saladas. Tostadas de mantequilla y mermelada, de tomate, aceite y jamón, con aguacate. Sándwiches de queso filadelfia y pepino. Muesli. Muesli con fruta y yogurt. O solo yogurt. Yogurt griego o en mousse. Con miel o azúcar moreno. Galletas María, de las de toda la vida. O galletas con chocolate negro, con chocolate con leche. Un vaso de leche con Cola Cao.

¡Fruta! Una enorme macedonia. Fresas con nata. Naranjas… A veces Mariana se preguntaba por qué no nos dedicamos tan solo a comer desayunos. También reflexionaba a propósito de la importancia de esta comida. Porque en el fondo el desayuno no es sino un presagio de lo que está por llegar a lo largo del día. Una proyección.

Cuando quería días locos, Mariana elaboraba extravagantes menús y mezclaba todos los ingredientes que tenía a mano. Aquellos días en que se sentía primaveral, lo llenaba todo de flores y color y preparaba enormes y deliciosas macedonias. Poco importaba que un fuerte torrencial cayese en la calle. Quizás fuese, de hecho, aquel contraste el que cargaba de energía el momento.

Al fin y al cabo el desayuno es el momento más importante del día. Momento de inflexión; reflejo de toda una jornada. Mariana odiaba hacer las cosas de manera rutinaria y por ello buscaba tener un despertar diferente cada día. Inventar. Renovarse. Escoger la ropa que vestir con ilusión. No había cosa que le gustase más que ojear la agenda y darle un nuevo orden de prioridades a la jornada. En el fondo solo así consideraba que estaba creando verdaderamente arte.

Así es como aquel día, Mariana despertó con el suave repiqueteo de una fina llovizna. Tan inesperada como la llegada de la inspiración. No le hizo falta consultar la agenda para comprender que no había nada previsto para aquella mañana que no pudiese atrasar un par de horas. Con un delicioso café con leche por delante, se sentó a transformar las imágenes de su mente en una historia que todos pudiesen comprender.

La encina

La cocina de una casa en mitad de la campiña. Acaba de amanecer y la luz débil del alba de una fría mañana de enero alumbra la estancia a través de una majestuosa ventana.

La pequeña Olga juega con los cereales. Come y juega al mismo tiempo. A su lado, su anciana abuela prepara el café, aromatizando la estancia.

-Abuela, ¿qué le pasa a ese árbol? –pregunta Olga, señalando las formas de una encina que se dibujan a través de la ventana. Es pleno invierno y el árbol, a pesar de lo robusto de su tronco, parece exhausto de luchar contra las inclemencias del tiempo. Es un árbol hermoso.

-Está invernando, cariño. Como hace tanto frío, ha decidido ceder sus hojas y centrarse en calentarse por dentro. Aunque nosotras no lo veamos, en su interior un gran flujo de vida fluye a través del árbol. Es un flujo multicolor, lleno de magia y diversos entes. ¿No te parece un árbol hermoso?

-Abuela, es solo un árbol.

-Yo creo que es hermoso. Solo ahora que se ha desprendido de las hojas es que podemos ver toda su belleza y complejidad. Cada una de esas ramitas, Olga, está viva.

-Abuela, ¿los árboles pueden amar?

-Por supuesto. Los árboles y, en general, todas las plantas poseen un amor que se llama amor universal. Ellas viven y respiran para que nosotros, los humanos, podamos existir. Y lo hacen sin pedir nada a cambio.

Olga vuelve la mirada a sus cereales sin decir palabra, pero su abuela continua sin apartar la vista de la encina. Es incapaz de determinar si Olga ha entendido sus palabras, pero tampoco eso importa ya. Con un poco de suerte sus palabras también habrán creado un flujo de energía en el interior de su nieta y se quedarán invernando hasta que un día, dentro de algunos años, puedan cobrar un significado completo.

Mariana dejó el bolígrafo sobre la mesa. Para cuando terminó de escribir, tan solo le quedaba un último sorbo de café.

Por Carmen Arjona.

Cena con champán y desayuno

Se lo decía a las chicas entornando un párpado y levantando la ceja contraria durante los segundos que ellas tardaban en comprender su oferta. Después sonreía, divertido del azoramiento melindroso de alguna, o satisfecho, si otra le seguía el juego más que de palabras. En cualquier caso, con esa frase dejaba tras de sí una estela de caballo ganador.

La chica de Medioambiente, que acababa de incorporarse a la oficina, pelirroja y lustrosa, le contestó inexpresivamente. Miró su agenda: «De acuerdo, el jueves», y lo anotó muy seria, sin mover un músculo de su pecosa cara.

Adornó el salón con velas olorosas, preparó el champán en una cubeta de hielo, y encargó la comida a un restaurante vegetariano, suponiendo los gustos de ella. Efectivamente, la chica miró complacida la mesa y aportó a la cena una sidra de manzana orgánica. Cenaron comentando los beneficios de cada especie vegetal que aparecía, con alguna alusión trivial al territorio común de la oficina. Luego follaron atléticamente, como una gimnasia energética y sanadora, que ella disfrutó al máximo y que a él lo dejó más desnudo todavía de lo que estaba.

A la mañana siguiente se enfrentó temeroso al desayuno, algo a lo que nunca le dedicaba esfuerzo porque, para bien o para mal, todo se resolvía durante la noche. Su nevera esquelética le devolvió el problema. Mientras Pelirroja hacía yoga frente a la ventana, preparó un café con leche y unas tostadas de pan con mantequilla.

Ella miró desganada las bandejas: «Esto no es un desayuno biodiverso. Solo tres especies: café, vaca y trigo». Recogió su mochila, le sonrió y antes de cerrar la puerta le dijo: «Tienes un segundo chakra excelente, pero de ahí para arriba, todos desconectados».

A él solo le hacía falta una especie, y un chakra, pero como es bueno ampliar territorios, apuntado: desayuno biodiverso.

Por Reyes García-Doncel. 

Desayuno en familia

1. Ese maldito olor a canela.
En los viejos tiempos, donde se atrevían a pronunciar mi nombre en voz alta, todo hombre o animal renunciaba a pisar ese lugar por siglos. Solo el viento frío del norte tenía permiso para romper el silencio y helar el corazón del incauto ser vivo que se atrevía a dejar su huella en esa tierra condenada. El terror pasaba de generación en generación a través de historias que inyectaban el miedo en la sangre. Fue una gran época. Hoy en día, todos los adolescentes se creen mejor que sus antepasados. ¿Por qué cojones huele a canela?

-Buenos días, amor, ¿qué es ese olor?

-Hola, cielo. -¿Cielo?- Leí en el blog de Patricia Clark que si mezclas un poco de canela molida con esencia de mirra, la casa se impregnará de este aroma tan delicioso.

-Se supone que somos los reyes del Infierno, ¿cómo voy a imponer mi voluntad si todo huele a canela?

-Satán, otra vez te has levantado de mal humor. Deberías leer los diez pasos de Patricia Clark para equilibrar las emociones.

Noto como mis pulsaciones suben y la ira empieza a generar un grito que se oirá en cada rincón del universo, pero entonces abre la puerta de su habitación mi hijo: El Heredero del reino del terror, Insuflador del Mal y la tentación, destructor de mundos, creador del pecado original y la oscuridad. El Ángel Caído que renacerá de las cenizas del apocalipsis.

-Hola, papi. –Me habla mientras se rasca el culo y mueve su cola roja como un perrito agradecido.

-Buenos días, Príncipe de las Tinieblas. Voy a salir a por el desayuno. ¿Qué te apetece?

-Últimamente me veo fofo. Tráeme a una runner con poca grasa y un Red Bull light de fresa.

Me quedo callado durante unos segundos sin poder dar crédito a lo que escucho.

-A mí tráeme a un psicólogo conductista jugoso. De esos que tienen una foto de John B. Watson en su despacho. –Por lo menos mi mujer come bien.

-De acuerdo, volveré en media hora. Preparad café. Cuando regrese quiero que todo huela a azufre de nuevo.

2. Una runner con poca grasa.
Tras una sesión de quince kilómetros por el Parque de María Luisa, Cristina se toma un batido de espinacas crudas y zumo de pomelo, el subidón de dopamina que inunda su cerebro le ayuda a tragarlo. Duda entre asistir por la tarde a la clase de yoga de las cinco en el gimnasio o quedarse en casa preparando el informe de ventas del segundo semestre que tiene que entregar dentro de quince días. Se siente cómoda cuando controla cada paso en su vida y no le gusta la presión, así que prefiere afrontar las obligaciones con tiempo. El orden es básico para la salud mental; el libro Eres la persona más importante del mundo, de Patricia Clark, es revelador en ese punto. Se dirige a la ducha desnuda, se ha quitado la ropa de deporte en la cocina, metiéndola en la lavadora directamente. Pondrá una colada después. Está cachonda y se masturbará bajo el agua caliente. Hace un año que no sale con nadie y carece de interés por la gente del trabajo. Manchitas, su gato, le da todo el cariño que necesita. Gracias a los antidepresivos, casi ha olvidado aquel asunto de tráfico de esteroides que estuvo a punto le llevarla a la cárcel. Empieza a tocarse el clítoris justo cuando el calor del agua hace que tiemble todo su cuerpo. Lástima que no le gusten las alfombrillas antideslizantes, las considera poco higiénicas. Menos remilgos hubiesen evitado el resbalón que le abre la cabeza en dos. El blanco de la bañera se tiñe de rojo mientras el interior de la lavadora se va llenando de una insoportable peste a sudor.

3.- Un jugoso psicólogo conductista.
David Holmes escucha a su paciente en la consulta de la Quinta Avenida mientras engulle una bolsa de almendras saladas. Se ha apostado con Patricia Clark una cena a que es capaz de transformar en un corderito que obedecerá todas sus órdenes al esquizofrénico paranoico indecentemente rico que tiene al otro lado de su mesa. Es un caso claro de padre ausente y madre castradora. David intenta, sin éxito, seguir la dieta que le ha impuesto su endocrino, a pesar de no soportar ver en el espejo su cuerpo obeso. El niño rico sigue con la diatriba contra sus progenitores fallecidos a la vez que vuelve la cabeza cada cinco minutos temiendo que estén escuchándolo. Preside calladamente la habitación una foto de John B. Watson de un metro con ochenta de largo y noventa y tres centímetros de ancho, rodeada de un precioso marco de roble americano tallado a mano. Algunos con una visión de la historia reducida creen que sus experimentos con niños fueron crueles. Él lo adora y ha repetido algunos con sus propios hijos, lo que le costó un matrimonio anodino del que estaba deseando escapar. Una almendra se le atraviesa en la garganta, interrumpiendo la natural circulación de oxígeno a los pulmones. David ordena a su paciente que lo ayude, pero el millonario esquizofrénico castrado observa con sus grandes ojos cómo se va tornando en morada la piel rosa del rostro del psicoanalista.

4.- Patricia Clark.

-Aquí tenéis vuestros desayunos.

-¿Qué vas a comer tú?

-Eh… -Sé que lo que voy a decir me va a costar una bronca.- A una bloguera que marcaba tendencias y escribía libros de autoayuda.

-¿No te atreverás a comerte a Patricia Clark?

-Sobredosis de cocaína. Qué quieres que te diga, necesito energía, va a ser un día duro en la lucha contra El Bien. Se está poniendo de moda ser budista.

-No te pienso hablar en una semana.

-Supongo que en los diez pasos para controlar las emociones, las drogas duras colombianas ocupan los primeros puestos.

-Te odio.

Esta tarde se le habrá pasado el enfado, estoy seguro. Me termino el desayuno pronto. Me encanta ser Lucifer. Como diría Woody Allen, al que pienso visitar dentro de poco, «Hay dos tipos de personas en este mundo, las buenas y las malas. Las buenas duermen mejor, pero las malas parecen disfrutar mucho más las horas en que están despiertas.»Dios me hizo un gran favor expulsándome de su reino.

Fin.

Por José Ángel López Jiménez.