Archivo por meses: Febrero 2014

La familia y otras (malas) hierbas

Anna_Karenina

Contar historias sobre la familia con frecuencia resulta difícil y temerario, por no decir un ejercicio de exorcismo. Empieza Tolstói su Anna Karenina diciendo que “todas las familias felices se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera”. Es a esa singularidad a la que el escritor se agarra para expulsar de su cuerpo las culpas, los miedos y las turbulencias, propias y ajenas. Porque, admitámoslo, leer doscientas páginas sobre la lucha diaria del trabajo, niños berreando a las tres de la mañana, cuentas sin fondos a fin de mes, carreras en las medias, pantalones sin planchar y cenas de acelgas y televisor no le interesa a ningún mortal.  ¿Qué se nos da a nosotros? ¡Bah! Sólo es la vida.

Sin embargo, proponerse psicoanalizar las obras de los grandes se me antoja una tarea inabarcable y, sinceramente, poco y mal remunerada. Por lo tanto me voy a quedar con los recuerdos íntimos, con esas marcas indelebles que me han dejado algunos personajes más o menos ligados por vía consanguínea, real o imaginaria (al autor o entre ellos). Claro que la memoria, como cualquier facultad humana, es imperfecta, selectiva e incluso traicionera así que, como los juglares, pido disculpas de antemano por los descalabros que ésta pueda causar en mi discurso.

Es curioso que la mayoría de los familiares que se me manifiestan salidos de las páginas de los libros sea un catálogo de la casa de los horrores. Se me vienen a la mente, en primer lugar, los padres del pobre Gregor Samsa, más preocupados por si se les contagiaba el mal de su vástago o si los vecinos se enteraban, que en hacerle más cómoda la existencia al malogrado insecto gigante. No debería juzgarlos; quién puede ser capaz de lidiar en su sano juicio con una rareza tan extrema en su propia casa. Sin duda, me respondo al instante, las mamás grandes de García Márquez. Ellas acogen en su seno a comedoras de tierra y cal, videntes, soldados sin fortuna y niños ilegítimos. Y, por más, sacan adelante a la prole sin importarle tifones, riadas o sequías. No todo van a ser progenitores desalmados y desnaturalizados.

También los hay ingenuos que se empeñan en darles la vuelta a los parientes como un calcetín y sacar diamantes de las piedras brutas. Nunca he sentido más antipatía por un personaje que por la tía abuela de Flora Poste, esa mujer arrugada como una pasa, rancia y demencial (que no demente) que manipula a los demás bajo el yugo de su dedo acusador y los capones detrás de las orejas. Casi no me alegro cuando la Poste la convierte en algo así como una Schiaparelli de la Inglaterra profunda y la manda a recorrer mundo en un biplano. Hablando de tías no me puedo olvidar de Mame, esa sí que me ha dado alegrías como lectora; risas, carcajadas y dolor de tripas me ha provocado de tanto doblarme con sus ocurrencias. No todo va a ser ver el vaso medio vacío.

Los cónyuges no se salvan de mi vagabundeo mental. Los hay de todos los sabores, aunque el que más abunda es el amargor de la hiel. Lo dicho, las parejas  perfectas no venden, al menos no sin un conflicto o nudo que nos depare un final de ensueño. En este sentido, a pesar de que repaso una y otra vez mis lecturas, vuelvo al mismo punto en todo caso, los maridos de dos de los nombres propios de la literatura: Karenin y Bovary. No sé qué tienen esos dos que me despiertan cierta compasión y sentimiento de solidaridad. Los imagino aplastados bajo el peso irremediable de sus propios apellidos cedidos legalmente a sus mujeres. Supongo que se le puede atribuir a las dos situaciones cierta justicia poética desde un punto de vista histórico, literario y, además, social. Pero ese es otro cuento.

Este deshilvanado flujo de conciencia se va agotando, lo presiento.  Me abandonan la quietud y el silencio de las primeras luces del día y se instala en su lugar el bullicioso devenir de la realidad. Entreveo una última reflexión, así abruptamente, antes de dar carpetazo y es que no se escribirán poemas épicos ni novelones sobre la gente como nosotros. Y me parece un alivio. Si no, ¿con qué nos entretendríamos los editores?

Me despido. La vida en familia me llama.

Cecilia Ojeda

Microrrelatos. Volumen 3

Estaba preparado para cualquier cosa, menos para el ron de sus labios.
Mawi Justo.

Estoy fumando en la cocina. Hay otras dos habitaciones de la casa con la luz encendida.
Moon.

Se asomó al río y contempló como su reflejo se alejaba con la corriente. Huérfano de cuerpo, retornó para inventarse de nuevo.
 José Ángel López Jiménez.

Cincuenta pulsaciones después al F5, sólo consiguió actualizar su desdicha.
Patricia Nogales Barrera.

Fiona Apple – Werewolf

Podría compararte a un hombre lobo
Por la forma en que me dejaste muerta
Pero he de reconocer que te proporcioné una luna llena.

Y podría compararte con un tiburón una isla de mil mare e hacer es evitarnos el uno al otro
Por la forma con la que arrancas mi cabeza con los dientes
Pero de nuevo
Estaba nadando alrededor de una sangrante herida abierta.

Eres un buen chico
Hasta el segundo en que consigues un aliento de mi
Somos como un pozo de los deseos
Y una descarga de electricidad.

Pero todavía podemos apoyarnos el uno al otro
Todo lo que tenemos que hacer es evitarnos el uno al otro
No hay nada malo cuando la canción termina en clave menor
No hay nada malo cuando la canción termina en clave menor.

La lava de un volcán
Subió caliente desde debajo del mar
Una cosa lleva a la otra
E hiciste una isla de mi.

Y podría compararte con un químico
Por la forma en que me hiciste compuesto a compuesto
Pero yo soy químico también
Inevitablemente tú yo nos mezclaremos.

Y podría compararte con un montón de cosas
Pero yo siempre estoy rondando
Porque en el fondo soy una chica sensata
Sé que la solución es una ficción.

Pero eres un buen chico
Hasta el segundo en que consigues un aliento de mi
Somos como un pozo de los deseos
Y una descarga de electricidad.

Pero todavía podemos apoyarnos el uno al otro
Todo lo que tenemos que hacer es evitarnos el uno al otro
No hay nada malo cuando la canción termina en clave menor
No hay nada malo cuando la canción termina en clave menor
No hay nada malo cuando la canción termina en clave menor
No hay nada malo cuando la canción termina en clave menor.

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I could liken you to a werewolf
The way you left me for dead
But I admit that I provided a full moon

And I could liken you to a shark
The way you bit off my head
But then again
I was waving around a bleeding open wound

But you are such a super guy
Till the second you get a whiff of me
We are like a wishing well
And a bolt of electricity

But we can still support each other
All we gotta do’s avoid each other
Nothing wrong when a song ends in a minor key
Nothing wrong when a song ends in a minor key

The lava of a volcano
Shoot up hot from under the sea
One thing leads to another
And you made an island of me

And I could liken you to a chemical
The way you made me compound to compound
But I’m a chemical too
Inevitable you and me would mix

And I could liken you to a lot of things
But I always come around
‘Cause in the end I’m a sensible girl
I know the fiction of the fix

But you are such a super guy
Till the second you get a whiff of me
We are like a wishing well
And a bolt of electricity

But we can still support each other
All we gotta do’s avoid each other
Nothing wrong when a song ends in a minor key
Nothing wrong when a song ends in a minor key
Nothing wrong when a song ends in a minor key
Nothing wrong when a song ends in a minor key

Autora: Fiona Apple. Pertenece al álbum ‘The Idler Wheel Is Wiser Than the Driver of the Screw and Whipping Cords Will Serve You More Than Ropes Will Ever Do’ de 2012.